Supongo que los periodos de felicidad no son demasiado propicios para la prosa. No me extraña que los escritores tengan fama de atormentados, si es que cuando uno está realmente jodido las palabras salen con mayor facilidad. Todos podemos empatizar con el drama del desamor, la soledad, la traición de un amigo, la pérdida. Sin embargo, la envidia, siempre la envidia, nos hace despreciar al que alardea de no necesitar nada, de disfrutar de la vida, de aprovechar el momento, de sentirse querido, admirado, valorado en su trabajo. Y es que hay algo de mal gusto en propagar a los cuatro vientos, con la que está cayendo en el mundo, que estás contento con tu vida, que eres feliz.
viernes, 30 de mayo de 2008
happiness
Supongo que los periodos de felicidad no son demasiado propicios para la prosa. No me extraña que los escritores tengan fama de atormentados, si es que cuando uno está realmente jodido las palabras salen con mayor facilidad. Todos podemos empatizar con el drama del desamor, la soledad, la traición de un amigo, la pérdida. Sin embargo, la envidia, siempre la envidia, nos hace despreciar al que alardea de no necesitar nada, de disfrutar de la vida, de aprovechar el momento, de sentirse querido, admirado, valorado en su trabajo. Y es que hay algo de mal gusto en propagar a los cuatro vientos, con la que está cayendo en el mundo, que estás contento con tu vida, que eres feliz.
viernes, 23 de mayo de 2008
Oh happy day!
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Hay cosas que nos pasan que no notamos, estamos tan preocupados por llevar a cabo nuestras tareas de la mejor manera posible, acordarnos de llamar a tal amigo, ir a visitar a mamá, pagar las facturas, ir al cine... Nuestros días están llenos y poco a poco vamos completando nuestra agenda. También debemos tener en cuenta los sucesos inesperados y los puramente fortuitos, todos aquellos imposibles de meter en la lista con antelación, única forma de reservar el tiempo necesario que dedicarle. Por eso es tan increible que yo, esta que escribe, fuera capaz el martes de mirar mi vida desde fuera durante un instante, como si no fuera conmigo, y me diera cuenta de que soy feliz. Sí, sí, has leido bien, en este mayo de 2008 en la noble villa de Madrid yo soy feliz. Claro que las cosas son mejorables pero en este momento no me gustaría ser nadie más ni estar en otro sitio que no fuera exactamente este.
Increible, ¿no?
martes, 13 de mayo de 2008
lunes, 12 de mayo de 2008
Mujeres
Cierta vez, una mujer de su edad que conoció en Italia por motivos profesionales le resumió suvida en pocas palabras. Según ella, a los cinco años le dijo a uno de sus amiguitos, en la guardería: "Si me regalas tu Geyperman, te dejo que me des un beso". A los diez años le soltó a un compañero de clase: "Si me haces los deberes de Sociales esta semana, te dejo ir conmigo a los lavabos. Yo me bajaré las bragas y tú podrás ver lo que tengo debajo", aunque, por cierto, en aquel entonces esa mujer no tenía nada ahí abajo que fuera digno de verse. A los dieciseis años le propuso a un chico de su pandilla: "Si me das una vuelta en tu moto por todo el barrio, te dejo que me toques el pecho izquierdo durante tres minutos". A los veintidós acorraló a un joven profesor de la facultad de Económicas -que babeaba detrás de ella desde el primer año de carrera, pero que la suspendía una y otra vez- e hizo con él un trato: "Si me apruebas la asignatura, te hago un pequeño favor manueal en los lavabos. Pero con un guante puesto, ¿eh?". A los veinticinco, cuando hacía poco que se había casado con su primer marido (la mujer ya iba por el tercero), le sugirió a su cándido y aburrido esposo: "Si me compras ese sofá chester, esta noche te hago un francés". Y mientras hablaba con Penélope, a punto de cumplir los treinta y cinco, sonreía con añoranza y se preguntaba a sí misma en voz alta: "Oye, monada, ¿no serás tú un poco puta?"
Ángela Vallvey, Los Estados Carenciales
Ángela Vallvey, Los Estados Carenciales
lunes, 5 de mayo de 2008
Lisboa
Me gusta la bruma que cubre por las mañanas la ciudad,
el silencio a pesar de los turistas,
los viejos tranvías amarillos,
la diversidad de los diseños de los azulejos,
el café con torradas (crujientes y gorditas),
las cervezas frías en cualquier bar del barrio alto,
la humildad de las fachadas,
lo difícil que es moverse en coche y lo fácil que es hacerlo andando,
las vistas, tantas alturas diferentes la hacen única desde cualquier punto,
descubrir cosas nuevas en cada visita
y comprobar que hay otras que no cambian.
el silencio a pesar de los turistas,
los viejos tranvías amarillos,
la diversidad de los diseños de los azulejos,
el café con torradas (crujientes y gorditas),
las cervezas frías en cualquier bar del barrio alto,
la humildad de las fachadas,
lo difícil que es moverse en coche y lo fácil que es hacerlo andando,
las vistas, tantas alturas diferentes la hacen única desde cualquier punto,
descubrir cosas nuevas en cada visita
y comprobar que hay otras que no cambian.
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