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Hay cosas que nos pasan que no notamos, estamos tan preocupados por llevar a cabo nuestras tareas de la mejor manera posible, acordarnos de llamar a tal amigo, ir a visitar a mamá, pagar las facturas, ir al cine... Nuestros días están llenos y poco a poco vamos completando nuestra agenda. También debemos tener en cuenta los sucesos inesperados y los puramente fortuitos, todos aquellos imposibles de meter en la lista con antelación, única forma de reservar el tiempo necesario que dedicarle. Por eso es tan increible que yo, esta que escribe, fuera capaz el martes de mirar mi vida desde fuera durante un instante, como si no fuera conmigo, y me diera cuenta de que soy feliz. Sí, sí, has leido bien, en este mayo de 2008 en la noble villa de Madrid yo soy feliz. Claro que las cosas son mejorables pero en este momento no me gustaría ser nadie más ni estar en otro sitio que no fuera exactamente este.
Increible, ¿no?
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