Me gusta la bruma que cubre por las mañanas la ciudad,
el silencio a pesar de los turistas,
los viejos tranvías amarillos,
la diversidad de los diseños de los azulejos,
el café con torradas (crujientes y gorditas),
las cervezas frías en cualquier bar del barrio alto,
la humildad de las fachadas,
lo difícil que es moverse en coche y lo fácil que es hacerlo andando,
las vistas, tantas alturas diferentes la hacen única desde cualquier punto,
descubrir cosas nuevas en cada visita
y comprobar que hay otras que no cambian.
lunes, 5 de mayo de 2008
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