Sin darme apenas cuenta me he ido dividiendo en dos. No sé muy bien cuando ocurrió, si fue una ruptura traumática o más bien como el nacimiento de un brote nuevo en una rama ya adulta. Sí qué sé cual ha sido la causa de dicha bifurcación y también sé que me ha gustado vivir a la vez por dos caminos diferentes, porque todo ha ocurrido así, a la vez. Y ahora soy consciente de ello por primera vez. Esa rama adulta corresponde a la mujer que conozco, la que se ha ido desarrollando poco a poco a fuerza de alegrías y tristezas, de alimentar amistades, de crear mundos donde no existía nada, de sacar fuerzas para levantarse cuando no había motivo aparente, de hacer de la vida -la suya y la de los que querían aprovecharlo- un lugar divertido, digno de ser vivido y disfrutado. Y de ahí nació la otra sin llamar mucho la atención, la que aún titubea porque no ha encontrado su lugar, pero que, como los niños, vive todo de manera intensa, con los ojos abiertos como platos, intentando no perderse nada de este mundo nuevo que se presenta a su alcance por primera vez.
Y yo durante meses pensé que eran la misma, ilusa de mi.
lunes, 14 de diciembre de 2009
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