Estos días he cambiado mis horarios de trabajo. Aclaro esto para que no piensen que me he hecho adicta a la televisión de sobremesa ni nada parecido. He descubierto, por ejemplo, que muy temprano reponen V en cuatro, y que Diana, 20 años después, sigue teniendo cara de mala malísima, aún no la he pillado comiendose un ratón, pero me encantaría revivir ese momento. También me he dado cuenta de que las series cutres han quitado espacio a las noticias de por la mañana, que es prácticamente imposible salir informada de casa si no madrugas mucho, que no es mi caso. Y, sobre todo, me he dado cuenta que los creadores de concursos de televisión han perdido el norte. Si no, como se explican que haya un concurso en el que un par de tios de bastante buen ver elijan entre un grupo de chicas tipo modelo-actriz-presentadora quien se que queda con su corazoncito (y por supuesto, con los pectorales que lo cubren). La dinámica del concurso es la siguiente, cada dia el muchacho elije con qué dos chicas quiere quedar. Estas citas (organizadas por ellas para conquistarle) se graban y se emiten en el programa. Cenas románticas, bailes, besos, susurros... todo esto se expone públicamente, las chicas se ponen a parir, se sacan los ojos verbalmente (supongo que fuera del plató habrá algo mas que palabras) y el chico las contempla orgulloso de que sea por él.
Supongo que todo es una farsa, aspirantes a famosillos con buena planta que hacen su papel, esperando que algún productor llame a su puerta, o algún famoso millonario se prende de sus encantos. Cualquier otra opción me parece aberrante, con lo bonito que es enamorarse de alguien... y lo privado.
sábado, 2 de agosto de 2008
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