Hay veces que sin darte cuenta ruzas lineas y fronteras, porque la noche te lleva, la compañía te acompaña y por unos instantes crees que estás en una realidad paralela, esa en la que las acciones no tienen consecuencias. Pero vamos teniendo una edad y esos engaños duran solo unos minutos, unas pequeñas fracciones de tiempo en las que eres completamente libre de hacer y de decir, en los que no piensas, en los que mañana no es mañana y no llegará nunca.
Tengo que admitir que el tequila ayuda, anoche acompañado de sangrita, de música mejicana y de muchas risas. Al final la realidad nos ganó la noche y nos dio en la cara con su frialdad, pero durante unos minutos la inconsciencia se adueñó del bar y de nosotros. Es bonito comprobar que a los 34 aún es posible que ocurran esas cosas. Y que no ocurrió nada fuera de nuestras mentes.
martes, 8 de julio de 2008
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